PIER PAOLO PASOLINI


Ladrones

Una vez regresado a tu madre
¿sentirás todavía
sobre los labios
los besos que te he dado como un ladrón?
¡Ah, ladrones los dos!
¿No estaba oscuro en el prado?
¿No robábamos a los chopos
la sombra en tu bolsa?
Los conejos se han quedado
sin hierba esta tarde,
y tus labios robados
besan la primera estrella...


David
 
Apoyado en el pozo, pobre joven,
vuelves hacia mí tu cabeza gentil,
con una risa grave en los ojos
 
Tú eres, David, como un toro en un día de abril,
que de la mano de un muchacho que ríe
va dulce a la muerte.
 

Danza de Narciso

Estoy negro de amor,
ni ruiseñor ni muchacho,
todo entero como una flor
deseando sin deseo.
Me he levantado entre las violetas
mientras aclaraba
cantando un canto olvidado
en la noche serena.
Me dije: «¡Narciso!»,
y un espíritu
con mi rostro
oscurecía la hierba
al claro de sus rizos.
 

Danza de Narciso II
 
Yo soy una violeta y un aliso,
lo oscuro y lo pálido en la carne.
 
Espío con mi ojo alegre
el aliso de mi pecho amargo
y de mis rizos que brillan negligentes
en el sol de la orilla.
 
Yo soy una violeta y un aliso,
el negro y el rosa en la carne.
 
Y miro la violeta que resplandece
grave y tierna en el claro
de mi cara de terciopelo
bajo la sombra de una morera.
 
Yo soy una violeta y un aliso,
lo seco y lo mórbido en la carne.
 
La violeta retuerce su luz
sobre los flancos duros del aliso,
y se reflejan en el humo azul
del agua de mi corazón avaro.
 
Yo soy una violeta y un aliso,
lo frío y lo tibio en la carne.
 
(La mejor juventud-1941-1953,
Sansoni,
1954)

Trad. Delfina Muschietti

***

Balada del suicidio
 
¡Piedad, piedad!
Vosotros me queréis
muerta y enterrada:
sin voz,
sin gestos,
sin rostro,
sin vida...
que no regrese
–decís vosotros– nunca más
la locura que ella fue,
aquí ¡entre nosotros!
¡Piedad, piedad!
Gente feliz
vosotros me esperáis:
ahorcada,
ahogada,
incendiada,
destrozada...
¿Qué hace ahí
–decís vosotros– si da
sólo rabia, y lo sabe,
aquí entre nosotros?
¡Piedad, piedad!
Gente de bien,
vosotros me teméis:
en mi amor,
en mi vicio,
en mi ardor,
en mi odio...
¿Por qué vive
–decís vosotros– aquí abajo
pecadora y tabú,
aquí entre nosotros?
¡Piedad piedad!
Gente normal,
me condenáis:
a temblar,
a odiar,
a ocultarme,
a desaparecer...
El que es diferente
–decís vosotros– no puede
quedarse ni un poco
¡aquí entre nosotros!
¡Piedad, piedad!
Gente en el poder,
vosotros me amenazáis:
con la detención,
con la celda,
con la picota,
con la hoguera...
La pasión
–decís vosotros– no da
más que molestias y ansiedad
¡aquí entre nosotros!
¡Piedad, piedad!
Parecía eterno
mi destino:
de hablar,
de cantar,
de gozar,
de pecar...
Pero sí, pero ¡sí!
Para mí se acabó,
quedaos tranquilos...
Entro en la sombra,
Os dejo el mundo…
 
(Giro a Vuoto,
Milán,
1960)
 
Trad. Delfina Muschietti

***
 

Abro a la mañana de un blanco lunes
 
Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme… en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío…
y se ha truncado… Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia
 
(Roma 1950 – Diario,
Ed. All'Insegna del Pesce d'Oro,
1960)
 
Trad. Delfina Muschietti
 
***
 

Al príncipe
 
Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.
 
 
Muerte
 
Vuelvo a ti, como vuelve
un emigrado a su país y lo redescubre:
he hecho fortuna (en el intelecto)
y soy feliz, tanto
como hace tiempo lo era, destituido por norma.
Una rabia negra de poesía en el pecho.
Una loca vejez de jovencito.
Antes tu alegría se confundía
con el terror, es verdad, y ahora
casi con otra alegría
lívida, árida: mi pasión decepcionada.
Ahora me das miedo de verdad,
porque estás de verdad cerca, incluida
en mi estado de rabia, de oscura
hambre, de ansia casi de criatura nueva.
 
(La religión de mi tiempo,
Garzanti,
Milán,
 1961)
 
Trad. Delfina Muschietti
 
***
 

Al muchacho Codignola
 
Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad.
 
(Poesía en forma de rosa,
Garzanti,
Milán
1964)
 
Versión Carlos Vital
 
***
 


Análisis tardío
 
Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra
como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado
por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia
pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.
 
(Trasumanar e organizar,
Mondadori,
1971)
 
Trad. Hugo Beccacece
 
***


Poesía mundana
 
                                         21 de junio de 1962
 
Trabajo todo el día como un monje
y por la noche doy vueltas, como un gato viejo
en busca de amor… Voy a proponer
a la Curia que me hagan santo.
Al engaño, de hecho, respondo
con la mansedumbre. Como miran las imágenes
miro yo a los adictos al linchamiento.
Con el sereno valor de un científico
me observo a mí mismo masacrado.
Parece, a veces,
que odio y, sin embargo, escribo
versos llenos de amor preciso.
Estudio la perfidia como un fenómeno
fatal, como si careciera de objeto.
Tengo piedad de los jóvenes fascistas
y para los viejos no dispongo
de otra cosa que la violencia de la razón.
Pasivo como un pájaro que, volando,
todo lo ve y en su corazón se lleva
al cielo la conciencia
que no perdona.
 
(Poesía en forma de rosa
Visor,
1983.
Trad. Juan Antonio Méndez)
 
***


Profecía (1968)
 
                                A Jean Paul Sartre, que me ha contado
                                La historia de Alí el de los Ojos Azules.
 
Alí de los Ojos Azules
uno de tantos hijos de los hijos,
llegará de Argelia, en nave
a vela y remos. Vendrán
con él millares de hombres,
cuerpecillos y ojos
de pobres perros de los padres
sobre barcas varadas en los Reinos del Hambre.
Traerán consigo los niños,
y el pan y el queso, en papeles amarillentos del
Lunes de Pascua.
Vendrán con las abuelas y los asnos,
sobre trirremes robadas en puertos coloniales.
Desembarcarán en Crotone y en Palmi,
por millones, vestidos con harapos
asiáticos y camisas americanas.
De pronto, los calabreses dirán,
como de malandrín a malandrín:
―¡Ahí vienen los viejos hermanos,
con hijos y pan y queso!‖
De Crotone o de Palmi partirán
para Nápoles, y de allí a Barcelona,
a Salónica y a Marsella,
a las ciudades de la Mala Vida.
Almas y ángeles, ratones y piojos,
con el germen de la Historia Antigua
volarán ante los valiatos.
¡Siempre humildes!
¡Siempre débiles!
¡Siempre tímidos!
¡Siempre ínfimos!
¡Siempre culpables!
¡Siempre súbditos!
¡Siempre parvos!
Ellos, que nunca quisieron saber,
ellos, que sólo tenían ojos para implorar,
ellos, que vivieron como asesinos bajo tierra,
ellos, que vivieron como bandidos en el fondo el mar,
ellos, que vivieron como locos en mitad del cielo,
ellos, que se construyeron
leyes fuera de la ley,
ellos, que se adaptaron a un mundo por debajo del mundo,
ellos, que creyeron en un Dios siervo de Dios,
ellos, que cantaban
las masacres de los reyes,
ellos, que bailaban
las guerras de los burgueses,
ellos, que oraban
a las luchas proletarias…
… deponiendo la honradez
de las religiones campesinas,
olvidando el honor
de la mala vida,
traicionando el candor
de los pueblos bárbaros,
tras su Alí
de los Ojos Azules –
saldrán de debajo de la tierra para matar –
saldrán del fondo del mar para agredir – bajarán
desde lo alto del cielo para robar – y antes de llegar a París
para enseñarles el goce de vivir,
antes de llegar a Londres
para enseñarles a ser libres,
antes de llegar a Nueva York
para enseñarles a ser hermanos
- destruirán Roma
y sobre sus ruinas
depositarán el germen
de la Historia Antigua.
Luego, con el Papa y todos los sacramentos,
se las tendrán como gitanos
en dirección noreste,
banderas rojas
de Trotsky al viento…
 
(Poesía en forma de rosa,
Garzanti,
Milán
1964)
 
Trad. Antoni Domènec
 
***


Reaparición poética de Roma
 
Dios, qué significa ese sudario silencioso
que ondula sobre el horizonte…
ese ventisquero de moho —rosa
de sangre aquí— desde las faldas de los montes
hasta las ciegas encrespaduras del mar…
aquella cabalgata de llamas sepultadas
en la niebla, que hace confundir el llano
que va de Vetralla a Circeo con un pantano
africano que exhala un anaranjado
mortal… Es velamen de bostezantes y sucias
brumas enroscadas en pálidas
venas, incendiadas líneas,
ganglios en llamas: allá donde los valles
del Apenino, entre diques de cielo,
desembocan en el Agro vaporoso
y en el mar: pero —casi arcas o espigas
en el mar, en el negro mar granuloso—
la Cerdeña o la Cataluña
ardiendo por siglos en un grandioso
incendio sobre el agua que las sueña
más que reflejarlas, resbalando,
parece que acabaron por lanzar toda
su madera aún ardiente, toda cándida
brasa de ciudad o cabaña devorada
por el fuego, hasta palidecer en estas landas
de nubes sobre el Lazio.
Pero ya todo es humo, y os asombraríais
si, dentro de los escombros del incendio,
oyéranse reclamos de frescos
niños desde los establos o magníficos
tañidos de campana retumbando de hacienda
en hacienda, por los abruptos atajos
desolados que se vislumbran desde la calle
Salaria —como suspendida en el cielo—
a lo largo de ese fuego melancólico
perdido en un gigantesco desmoronamiento.
Ahora su furia se desangra y palidece
infundiéndole mayores ansias al misterio
allá donde —bajo esas polvaredas
flameantes, casi un empíreo sudario—
empolla Roma sus barrios invisibles.
 
                                      (De La religión de mi tiempo)
 
 
Carne y cielo
 
Oh, amor materno,
doliente, por los oros
de cuerpos invadidos
del secreto de regazos.
Amados movimientos
inconscientes del perfume
impúdico que ríe
en los miembros inocentes.
Pesados fulgores
de cabellos… crueles
negligencias de miradas…
atenciones infieles…
Enervado por llantos
tan suaves vuelvo a casa
con las carnes ardientes
de espléndidas sonrisas.
Y enloquezco en el corazón
nocturno de un día de trabajo
después de mil otras noches
con este impuro ardor.
 
                                   (De El ruiseñor de la iglesia católica)
 
 
Al Príncipe
 
Si vuelve el sol, si desciende la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una tarde de lluvia parece volver
de tiempos tan amados y nunca del todo poseídos,
ya no soy feliz al gozarlos o sufrirlos:
no siento ya, frente a mí, toda la vida…
Para ser poetas se necesita mucho tiempo:
horas y horas de soledad son necesarias
para formar algo que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para darle forma al caos.
Poco tiempo me queda: por culpa de la muerte
que me viene al encuentro en mi marchita juventud.
Mas por culpa también de nuestro mundo humano
que le quita el pan a los hombres y a los poetas la paz.
 
                                                            (De La religión de mi tiempo)
 
(PPP. Antología breve,
Material de Lectura,
Serie Poesía Moderna, n° 61,
UNAM,
México,
2009.
Selec., trad. y nota de
Guillermo Fernández.
Ed. de Fernando Maqueo)
 
***
 

Pedido de trabajo
 
Poesía por encargo es artefacto.
El constructor de artefactos puede producir muchos
(sin procurarse más cansancio que el del trabajo manual).
El objeto puede resultar, a veces, irónico:
el artefacto siempre lo es.
Han pasado los tiempos en que, voraz ahorrista,
derrochaba todo, invirtiendo mi dinero (mucho,
porque era mi semen y yo siempre estaba en erección)
en la compra de áreas de bajísimo valor
que se valorizarían de aquí a dos o tres siglos.
Era tolemaico (era un muchacho)
y contaba la eternidad justamente en siglos.
Consideraba la tierra el centro del mundo;
la poesía, el centro de la tierra.
Todo era bello y lógico.
Por lo demás, ¿que razón tenía para no creer
que todos los hombres eran como yo?
Luego, en cambio, se revelaron todos mucho mejores;
y yo resulté ser, más bien, hombre de raza inferior.
Intercambié puntos de vista
y entendí que no quería escribir más poesía. 
Ahora, sin embargo,
ahora que está vacante la vocación
—pero no la vida, no la vida—
ahora que la inspiración, si viene, no produce versos—
por favor sepan que estoy aquí pronto
a proveer poesía por encargo: artefactos. (1)
 
(1) Incluso explosivos.


Comunicado para ANSA (propósitos)
 
He bebido un vaso de agua a las tres de la mañana
mientras Arezzo tenía el aire de ser absolutamente independiente.
Una vez resuelta la omisión de los principales deberes
(de poeta, de ciudadano)
mis versos serán completamente prácticos
(a pesar de que sé bien que sin Dios la práctica es surrealista)
Como dice Eurípides: “La democracia consiste
en estas simples palabras:
¿quién tiene un consejo útil para darle a su patria?”
Así, mis consejos serán los de un loco moderado.
Después de mi muerte, por lo tanto, no se sentirá mi falta:
la ambigüedad importa mientras está vivo el Ambiguo.


Comunicado para ANSA (Un perro)
 
Ay, perro, parado en el cordón de la Via Prenestina,
que mira a un lado y a otro antes de cruzar.
Nada que objetar, todo lo acepta.
No hay dignidad que defender, por causa de su bondad.
Esta es, entonces, mi conclusión:
la resignación no tiene nada que envidiar al heroísmo.
 
(Nada personal,
Ediciones En Danza,
2016.
Versiones Jorge Aulicino)
 
***


Sobremesa en la región de Kayseri
 
Y llegó un domingo en que, después de tanto sol,
las mismas razones que lo hacían feliz.
Razones, es cosa sabida, sin razón.
Quizás el primer segmento
de la curva
inclinada que el sol fatalmente recorre con especial
apatía en tierras extranjeras. Se comienza entonces
a hacer las cuentas con la realidad, como el niño
que en aquella hora lloraba por neurosis.
Alrededor estaba el Apenino, pero, en verdad,
el sol tenía esta misma indiferencia por quien le imploraba.
Seguía su camino, eso es todo. E hileras de álamos
en las orillas de los ríos –aquí y allá–,
bajo las colinas cómplices
de la falta de gracia del astro paterno,
parecían en su inmovilidad querer decir
tristemente grandes cosas:
precisamente las cosas que el poeta afronta
pacientemente de joven
y sobre las cuales, ya viejo, calla.
 
(La insomne felicidad. Antología,
Galaxia Gutenberg,
2022.
Trad. Martín López-Vega)
 
Graciasss/poesiamaspoesia.com/pier-paolo-pasolini/
Graciasss/amediavoz.com/pasolini.
Graciasss/www.zendalibros.com/5-poemas-pier-paolo-pasolini/
Graciasss/materialdelectura.unam.mx/pier-paolo-pasolini-61.pdf


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