WENCESLAO MALDONADO



Peregrinaje

peregrino de la última vereda
vas espantando jaurías
de ángeles quemados por la furia
peregrino de baldosas húmedas
dejaste borronear algún recuerdo
en las grietas del asfalto que te llora
peregrino de una calle muerta
no pudiste evitar el rumbo oscuro
de un basural siniestro
peregrino de la esquina incómoda
insististe en retomar tu senda
que otros perdieron hace mucho tiempo


Fiesta patria

primeros héroes
con arrugas de escarapela
entre pañuelos celestes y palomas arcaicas
atan desatan su poder de bastos
mortajas insinceras
ahogan los sudores
retuercen los deseos
gobiernan las palabras
fabrican pan que se endurece en la tiniebla
compran cadáveres
para el banquete triunfal
del sufrimiento
 
 
Ropa despoblada

1

Alguno
debe saber exactamente
el tono de mis palabras.
Alguno debe reconocer
la vibración del aire
que respiro.
Y adivinarme
por dentro de los ojos
las luces muertas
de los cansancios.
Alguno debe saberlo.

2

Mi casa no es la casa
de paredes cansadas que están viendo.
Mi casa no es el techo
oscuro bajo el tiempo;
o la ventana abierta al horizonte,
o los árboles aquellos,
o la tierra, o el nombre de un lugar.

Mi casa no es la casa
mía; simplemente
son los gestos de ustedes,
el camino que va
del corazón a la mano,
un nombre en la garganta,
y el espacio de la frente
y la mirada.
Mi casa
son ustedes.
 

Desolación y Canto

Poemas al filo de la depresión y la esperanza

(1)

nada
en el arnés del equilibrio
cielo y tierra
sin llegar a la altura
de las nubes
sin tocar tierra firme
con las piernas que giran
equilibrista al aire libre
nada
entre el cielo y la tierra
la condena del vuelo permanente
riesgo de libertad
me duele
no haber nacido con alas
que me dejen osadía en el cansancio
para treparme hasta el cielo
de la fantasía
 
(2)

entremos a mi sueño
corredor de nubes
los proyectos
de una vida nueva
y de la mano
te llevaré al rincón desconocido
en donde guardo deseos
en donde esperan ansiosas
tal vez con temor
mis fantasías
 
(3)

por qué sin luz el mundo
es muchas sombras o una sombra
oscuridad compacta
de morir un sueño sin confines
 
(4)

depresión
que al aire ahonda
su sensación profunda de vacío
la imposibilidad del movimiento
el desgano de la idea
y sin nombre
la mano traza su palabra
indiferente
 
(5)

cómo quisiera al fin
que los dedos hábiles de Aracne
tejieran con sus hilos invisibles
para mí la poesía
telaraña sutil que en la nostalgia
atrape silenciosa
las miradas
 
Sin datos a que libro/s pertenece/n
 
***
 

Obstinación nocturna
       (fragmentos)

Fragmento I

(1)

y me quedo esperando
por si acaso una luz
cambie la inmovilidad de mi postura
la inercia se vuelva movimiento
y el silencio
voz de viento en canciones

(2)

a lo mejor la espera no es el justo
ejercicio de paciencia necesaria
a lo mejor soy cómplice de sombras
que delinquen en rincones de la nada
a lo mejor más sana es la ansiedad
que da urgencia a los sueños

(3)

pero la luz se fue de esta hora sin aliento
y no vale un pobre grito desolado
no sirve una lágrima quejosa
no ayuda una oración exánime
quizás sea el tiempo de encenderse
como lámpara por dentro

Fragmento II

no es la noche lo que importa
cuando me estrecha en sus abrazos
la oscuridad latiendo los silencios
sin ver me encuentro con el rostro
de mi verdad más honda
no me importa que la noche
sea mi único testigo
puedo borrarme los gestos
de mis ojos desbordados
logro callarme las voces
que insisten en la garganta
no me preocupa esta noche

con su sueño de tinieblas
me desvisto de ansiedades
me desnudo los temores
y me queda al descubierto
el cuerpo sin sus disfraces
que llegue pronto la noche
con su oscuridad de sábanas
quiero saber cuanto antes
quién soy qué es lo que queda
de lo que fui en este día

Fragmento III

noche es silencio
de un titilar lejano
que apagará su luz a la mañana
aunque siga encendido
en la altura de otro cielo
noche es secreto
de estrellas que se quedan
descansando sin voces
en el sueño
noche es misterio
de simular la muerte 
de todos los sentidos
y sin decir palabra alguna
imaginar otra tierra 
para el deseo

Fragmento IV

qué palabra musitar de noche
que no despierte recelos
no una plegaria al dios desconocido
que convoque a los ángeles guerreros
y en desigual batalla
me hundan en el arrepentimiento
no el nombre insistido
de mis amados muertos
porque al final ya sé cómo me queman
las lágrimas del desconsuelo
ni tampoco un pedido apasionado
de abrazos y de besos
porque estallan para ahogarme en cada gozo
los demonios del miedo
si me quedo colgando del insomnio
obligado al vacío del silencio
lo que logro pronunciar apenas
es la ausencia del deseo
ése que nunca viene
ése que está tan lejos
 
Sin datos a que libro/s pertenece/n
 
***


Palabra
 
levedad de voces
en los labios
                      y nada más que alas
                      en la respiración
                      hasta espantarme
 
(Resquicios, 2006)
 
 
Apuntes para una vida nueva
 
desbordada
mi locura levanta
su barrilete de fantasía
por cielos de libertad en las esferas
más azules de la altura
y despliega
(creo que sin vergüenza)
todo su deseo de un baile despreocupado
(ante el quiebre de las censuras)
todo el gesto de sus brazos y sus piernas
(ante la burla del conformismo ciudadano)
toda la algarabía de su vestido en giros
(ante el malhumor que no respeta)
y mira lo que es
en el espejo interior del sentimiento
(en la carta de identidad de su existencia)
y baila baila baila
a viento suelto a cielo abierto
y ríe ríe ríe
la risa cuanto se quiera
mientras el cuerpo define
en el aire enloquecido de la altura
la elección del movimiento
 
(Proyecto de una vida para después, 2008)
 
 
Acta póstuma
 
no me fue fácil
hacer las paces
con el que fui
pero ahora
puedo despedirme de él
como si hubiéramos sido siempre
buenos amigos
 
(Proyecto de una vida para después, 2008)
 
 
Desierto
 
sabe
que no puede
decírselo más que a sí mismo
este espacio sin medida
con el sol derrumbado
en todas las distancias
sudoroso caminar sin rumbo
con pesadumbre sin saber por qué
no sabe
que es más que un caminante
tal vez un nómada olvidado
alguien de esa especie humana
que se fue dispersando
en la soledad de los afectos
en la vasta diferencia de la idea
sabe
que no hay un punto fijo sospechable
de ser el final
un árbol por ejemplo
o una casa en la lejanía
o un río que divida las comarcas
del silencio y la rutina
aunque fuera un agua
aburrida de estancarse
o una nube que marque alguna altura
no sabe
si hay altura o qué distancia
habría hasta el horizonte
porque la línea que cierra las fronteras
tal vez esté arriba
o a lo mejor pertenezca a los senderos
ahora desandados
perdidos en el cansancio permanente
de no poder recostar las fantasías
y sabe
que tendrá que seguir caminando lo que sea
hasta que ya no pueda más
hasta que las piernas rígidas se nieguen
a otro paso ciego
y no sabe
hasta dónde habrá llegado
y desde dónde vino
y para qué caminó tanto
y qué hay más allá
de la ceguera
 
(Cicatrices, 2010)
 

Poema 35
 
es esta ausencia hijito…
obligado a dejarte que te fueras
aunque te tenía de la mano
destruyendo el adiós
vaciando los abrazos
dejando mudas las palabras
y hoy tan lejos...
yo que intenté ser padre y madre
de tu orfandad en ronda por la calle
cuento todavía
los días terribles del silencio
los años dolorosos de la pérdida
que se ahonda más y más por este hueco
y me empuja a rondar por tantas calles
de tu soledad
 
(Desolación y canto, 2011)
 
 
Poema 5
 
la noche en la palabra
escarba
los sentidos posibles
que la garganta no expresa
descubre riquezas que se esconden
en la sutil fragilidad de lo profundo
muy adentro de uno
o tal vez encuentra
socavones del miedo y de la duda
desconocidos
 
(La noche en la palabra, 2012)
 
***


Canción de Orfeo

Yo que he enseñado en la Tracia
A recoger tiernas flores
De la breve primavera
Desflorando culos jóvenes,

Yo que amé a tantos muchachos,
Prefiriéndolos a hombres
Cansados de amor y sexo,
Porque hay ternura en el joven,

Yo que ascendí la ladera
Pedregosa de este monte,
Tomo mi lira de brisa
Para cantar esos goces.

Amo los culos torneados,
Redondos como dos soles,
Y los que ocultan, oscuros,
Todo el vello de la noche.

Amo los culos alzados,
Orgullosos de sus dones,
Y los caídos, turgentes,
Que ríen sin pretensiones.

Amo los culos flexibles
Que abrasan con sus calores,
Y los más duros, más tensos,
Que aprietan para que goces.

¡Culos erguidos de mármol!
¡culos brillosos de bronce!
¡culos blandos de azucena!
¡culos cálidos de roble!

Culos que te están llamando,
Que te requieren a voces,
Culitos que suavemente
Te seducen y te acogen,

Culos, culos, los que fueren,
Siempre atractivos y nobles,
¡mi lira los canta a todos
sobre la cima del Ródope.

¡Los culos, todos los culos,
Acudan a mí esta noche!


Epitalamio de las nalgas

Nosotras te besamos,
Nosotras te ocultamos en el pozo,
Nosotras protegemos tu deseo,
Nosotras te abrazamos.

Nosotras te exigimos,
Nosotras te probamos en el fuego,
Nosotras confirmamos tu propósito,
Nosotras te guardamos.

Nosotras te servimos,
Nosotras te colmamos de placeres,
Nosotras te abrigamos en el fondo,
Nosotras te adoramos.

Nosotras, falo amante,
Nosotras, somos nalgas de confianza.


Canción de Zeus

¿Ya probaron, ah, mortales
los placeres por detrás?

Soy el Señor de los dioses
y les enseño a gozar.
El lecho con Hera aburre.
Ganímedes me da más.

No niego que muchas hembras
me lograron trastornar.
Pero en el Ida una tarde
observé algo inusual.

Pastoreaba en esa zona
andando como al azar
un muchachito bellísimo.
Nunca había visto otro igual.

Me molestaba la verga,
parada hasta reventar.
Me estremecí de deseo.
Mi corazón no dio más.

El pastor rubio y salvaje,
con su aspecto de animal,
no se opuso a mi pedido
y se me dejó raptar.

Como el águila que escapa
con su presa, subí audaz
hasta la altura, cargándolo
sin cansarme de volar.

Me lo llevé hacia el Olimpo
para hacerlo un inmortal.
Los celos de mi mujer,
¡qué me pueden importar!

¿Ya probaron, ah, inmortales,
los placeres por detrás?


Balada de los proctoaspidisquiones

Culo Prohibido: Canto el coito que agita las palabras
penetrando el arcano del deseo.

Culo Difícil: Acoplamiento jadeante que conmueve
el dolor, el placer y la locura.

Culo Caído Alabo cada puje más adentro,
cada golpe más hondo, cada grito.

Culo Cerrado El amor apareado, amor rendido, sudoroso
de gloria, amor temblando.

Culo Lánguido ¡Proclamen las delicias del orgasmo,
nuestra victoria justa y exultante!
 
(La "Proctomaquia" o "El cantar de los culos",
Simposio,
2008)
 
***


Las últimas cosas
 
Sconto, sopravvivendoti, l’orrore Degli anni che t’usurpo,
E che ai tuoi anni aggiungo, Demente di rimorso,
Come se, ancora tra di noi mortale,Tu continuassi a crescere;
Ma cresce solo, vuota, La mia vecchiaia odiosa... 
                                                               Gridasti: Soffoco
                                                                      GIUSEPPE UNGARETTI
 
Cada uno debe tener su modo
de morirse por dentro.
Y por fuera, qué frágil te sentía,
qué debilidad de pájaro que cae
sin amparo.
Aunque yo estuviera allí,
fue siempre lejos.
 
 “Te quiero mucho”, me decía,
lo dijo muchas veces,
lo dijo la última vez
sin poder mirarme
por la sonda que, agresiva,
le tenía fija la cabeza,
y lo repito yo otra y otra vez
como fórmula mágica
que derrote esta muerte imperfecta
de la angustia.
 
 No tuve la fuerza necesaria
para decirte adiós
porque al final qué sentido tenía
hablar de nada
con la muerte sentada en las rodillas
palpándote la frente,
dándome la espalda,
sin preocuparse siquiera
de acallar tus últimos quejidos.
 
¿Es algo o alguien (él o ella)
para robarme impunemente
la alegría de estos años
sin que pueda defenderme?
 
¿Es algo o alguien (él o ella)
para que pueda matar de un solo golpe
las vigilias de afecto que he vivido?
 
¿Es algo o alguien (él o ella)
para arrancarme impávida ese hijo
de mi paternidad única?
 
¿Es algo o alguien (él o ella),
la Muerte digo,
la enemiga?
 
 Un grito, ay, ¡se ha muerto!
Un dolor que es para siempre.
 
Se llamaba Alejandro.
No ha sido mi derecho darle el nombre.
Fue el hijo que no tuve, que no tengo.
Y el último en llamarlo
antes de su noche extrema.
 
Se llamaba Alejandro.
Entró con la calle por mi puerta.
Traía una sonrisa contenida.
Se adaptó a mis paredes, a mis libros,
a todos los rincones de mi alma.
 
Se llamaba Alejandro.
Era todo lo que vive una familia.
Un hombre que soñaba con ser padre.
Con un hijo nacido de los sueños.
 
Un grito, ay, ¡se ha muerto!,
y el dolor que dura para siempre.
 
Despedida quedándome
a este lado de la vida.
No hubo tiempo siquiera para 
darte un beso más,
otro, el último,
rápido,
sin decirte más nada.
 
La única diferencia de estas lágrimas
es que puedo contar tu fin minuto tras minuto;
pero me invento el mío,
o lo dejo levemente abierto
en el borde del pañuelo.
 
Paternidad de sombra
me resbala
de los brazos abiertos
 
Huérfano de mi hijo,
lloro contra mis palmas,
grito sobre la mano.
 
Un puñado de voces
se me escurre enseguida
de los dedos cerrados.
 
Hablo a fotografías
que sonríen recuerdos
de los últimos años.
 
¿No hay alivio posible
que me diga que vive
en medio de la ausencia?
 
La figura del hijo se elabora
en la entraña viva
de la tierra.
En cambio, la invención del padre
es más bien una sorpresa,
hallazgo repentino de algún sueño.
 
Fue la historia del niño que buscaba
un padre, y es la misma
historia del hombre que quería
ser padre
de un hijo.
 
No quiero nombrarte
como si te estuviera reprochando
que aquí me quedé solo,
con los pequeños trazos
de tu diminuta letra,
perdido en los olores de la ropa
que también tendrá que irse
confundida.
 
Sobre el hueco frío
voy poniendo recuerdos,
algún retazo, fotografías
de estos pocos años.
Cada cosa resiste,
una planta un caracol un papel,
y se acuestan solitarias.
 
A veces rescato una imagen,
tenue gesto de un olvido,
alguna palabra con su tono exacto.
Después se me escurre
por el ángulo del ojo,
lágrima lentísima
volviéndose agria
en plena cara.
 
Ingenuo fue creer
que, por ser hijo mío,
te podía sostener de la mano,
darte un beso, abrazarte,
como quien se adueña de la ropa,
de un par de anteojos y la lapicera.
 
Pero doblé tus camisas que temblaban,
abandoné tus cuadernos y tus notas;
cada objeto tuyo se me fue escurriendo
como un tímido pez por las barrosas
aguas del invierno.
 
Quizás logré atrapar algún instante
ahogado en los pliegues del último pañuelo,
esa voz diminuta, ese pequeño movimiento.
Los guardaré en la memoria de los ojos,
muy juntos al dolor que tengo.
 
¿Es más importante
haberte tenido
que perderte?
 
Jardinero de tristeza
he regado los rosales
que plantaste hace mucho
en el balcón.
 
¿Es más fuerte el amor
que el dolor
que estoy sintiendo?
 
Vuelvo del cementerio.
 
¡Qué oficio tan triste
el de mirar pájaros
entre las cruces!
 
Él no está, o a lo mejor no sé.
 
Quedaron las fotografías
con su sonrisa inmóvil.
En los estantes hay caracoles,
piedras, jarros, ceniceros
que reposan cansados.
El armario enmudeció vacío.
Su cama es esqueleto rígido.
Solamente, florecidos,
sus dos rosales viven
la diminuta historia del balcón.
 
Pero él no está,
o a lo mejor está y no sé.
 
(Paternidad de Sombra
Editorial Epifania,
Buenos Aires,
2002)
 
*
 

Los deseos
 
1

deseo
del esperado
de tenerle la cabeza
apoyada sobre el pecho
y acariciarle el aire
de tranquilidad en el pelo
 
2

deseo
de un mar remoto y abierto
la libertad sin confines
y caminar de la mano
desnudos los dos por la arena
sin necesidad de hablarnos
mientras se escriben las huellas
 
3

deseo
de una palabra entredicha
no sé si el nombre en silencio
rasguido en la oscuridad
para repetir tan sólo
que lo amo y que lo sueño
 
4

deseo
de sus brazos extendidos
para rodearme los hombros
mientras su respiración de flores
una brisa enamorada
se va durmiendo en mi cuello
 
5

deseo
de estar los dos acostados
uno en otro yo despierto
y él dormido o como haciendo
que está dormido y despierto
deja que su corazón me lata
para que la piel lo sienta
como un fuego que recorre
toda mi sangre en el cuerpo
 
6

deseo
de recorrer con la lengua
el pabellón de su oreja
la mejilla hasta los labios
y sellarles la humedad
nada más que con un beso
 
7

deseo
de acariciarle la espalda
con la yema de los dedos
itinerario que sube
y repite su camino
cuando su torso me cubre
y me entrelaza las piernas
 
8

deseo
de penetrar el calor
del secreto entre sus nalgas
placer que tiembla y jadea
hasta el grito de victoria
bandera de haber amado
asta elevada a la gloria
los dos la misma emoción
y un mismo estremecimiento
 
9

deseo
de un tiempo que se detiene
de un cuerpo que no se cansa
de una cópula que vibra
de un abrazo que se extiende
de un beso que no se apaga
de un amor que se eterniza
 
10

deseo
del deseo de esperarlo
siempre.
 
(Eros y otros deseos,
Simposio,
Buenos Aires,
2010)
 
*


(Hexagramas)
 
(4)

La música danza.
El aire aletea.
Remuevo los leños.
Que el fuego no duerma.
Son horas heroicas.
Comienzo otra etapa.
 
(1)

El año es cambiante.
El tiempo me enseña.
Modero pasiones.
Les cierro la puerta.
Espero en silencio.
Tranquila está el agua.
 
(1)

Un trueno se quiebra.
La atmósfera vibra.
El valle está atento.
La lluvia sacude.
El alba despierta.
Los montes se alumbran.
 
(Hexagrama, en luces y en sombras,
Pavadit@,
Buenos Aires,
2012)
 
Wenceslao Maldonado, «nació el 29 de julio de 1940 en Buenos Aires, Argentina… Fue sacerdote salesiano entre 1965 y 1989. Estudió teología en la UPS (Universidad Pontificia Salesiana de Roma) y letras en la UCA (Universidad Católica Argentina) y en la Università degli Studi (Trieste, Italia). Fue docente, hasta 2008, de griego clásico, latín y literatura italiana; se ha dedicado a la traducción literaria en estas lenguas…»

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