ALEXÁNDER OBANDO

Marea baja
 
                                                              Make a tomb
                                                       for men and boys… 
                                                                 Allen Ginsberg
 
Cuando baja la marea
quedan restos de automóviles
sobre la playa, fierros
bañados en plancton y sal.
 
El muchacho emblanquecido
deambula buscando
latas y vidrios enteros;
y sin embargo,
camina sobre tierra de marisma,
sobre casas barridas anoche
al mar de los huracanes.
 
Por la playa
va caminando él, Ganimedes,
pantaloneta blanca y sucia,
piernas, llenas de arena.
 
Encuentra el esqueleto
de un viejo asiento de Chevy
y se imagina,
                        sentado en él,
cómo hubiera sido ser raptado a otro planeta
por un águila antigua,
por un dios todopoderosa ventisca,
al filo de las ocho
                        de un jueves cualquiera.
 
Tal vez asustado,
                        como anoche;
tal vez invisible,
                        como ahora.
 
 
Contradanza
 
                       As I have trod rumorous midnights, too. 
                                            Hart Crane
 
Me decía que su casa estaba
lejos,
ya no sé dónde.
 
Si hubiera dicho que Puerto Montt
o Aquisgrán
sería indistinto para lo que me
queda de recuerdo;
un cuerpo desnudo, como el suyo,
no tiene otro domicilio sino
yo mismo.
 
Y esa noche,
hospedado en el vino
bailaba constantemente junto a la ventana.
El overol y el calzoncillo en el asiento
me recordaban a Mille e tre,
a los obreros adolescentes en
los cuartuchos de Verlaine;
Lucien Létinois volteando paja
en una pequeña granja del sur.(1)
 
Si yo recordara de dónde es,
podría quizá prejuiciar el recuerdo con
el danzón, el trepak o la milonga;
pero no recuerdo su origen
al igual que siempre he supuesto
que lo suyo / era una contradanza,
un baile deshaciendo los pasos hechos;
una forma de viajar hacia atrás
en el amor o la caricia,
como esa noche
junto a la ventana.
 
Un beso leve en el vaso de licor
que yo sostenía
y luego otro en la pequeña boca;
apenas un suave contacto de labios,
apenas una caricia
sobre la humedad del vino.
 
Volvía a su danza en medio de las
cobijas y la ropa esparcida,
hasta que horas después,
como un gato ebrio,
se acostaba exhausto sobre mi pecho
            a dormir.
 
Y esa madrugada,
mientras él maullaba suavemente
sobre el lomo gris de la soledad,
yo cerré la puerta
por última vez.
 
1) Tras la excarcelación y el abandono de Rimbaud, Verlaine se enamoró de otro joven muchacho,
Lucien Létinois. El poeta compró entonces una finca en el mediodía francés y ambos se dedicaron 
a vivir como granjeros. Pero con tan mala suerte para el escritor, que el chico, a los pocos meses 
de iniciado su bucólico idilio, contrajo tifoidea y murió en los brazos de Verlaine. 
De ahí en adelante el poeta se dedicó a vivir el resto de su vida borracho en un putero de París.
 

Ducha y adiós
 
                                          Para Yehudi Ramírez
 
La brisa entra por esta ventana.
 
Sobre la mesa
el trago de ron
que no pudiste acabar
mientras decís,
                        apresuradamente,
que debés trabajar el turno de las ocho.
 
Me he pasado la tarde
pensando en tu espalda como
en la cuenca más llena de atunes,
porque siempre me han gustado
las bocas azules que saltan y muerden
a la menor insinuación del tacto.
Me ha gustado siempre
el intenso oleaje
que producen tus piernas / en la bañera.
 
La brisa entra por la ventana
y son ya casi las siete y cuarto.
 
Me decís que te vas a bañar
                                   y a vestir.
 
Pienso que debo acompañarte
por deber o por costumbre,
pero te vas al baño
y yo aun no me levanto de la cama.
 
El agua suena como venida desde
adentro de nosotros
y pienso que deben ser
esos peces que te cubren el cuerpo
cuando te salta el agua encima.
 
La llave da vuelta con un chirrido
y ya no se oye más el
eco subterráneo en la bañera.
(Si acaso,
una gota o dos
                        desde el tobillo,
por el aire,
hasta la tina).
 
Te vestís adentro / y al salir,
ya precipitadamente,
decís adiós con un gesto
de la mano.
 
Veo que llevás el pelo casi seco.
 
Antes,
solías llegar tarde.
 

Cartagena con retrato
 
Una calle de Heredia en especial.
Ahí, todas las noches, frente a su
pequeña casa, frente a su apartamento
de segunda planta
conversábamos de Colombia o la Luna.
De si Cartagena, con toda su historia
y muerte
sería más grande que nosotros vivos.
De si las palmeras eran las mismas
en ese parque y en la punta de Bocachica;
entonces,
¿qué hacía de aquella ciudad algo especial
y de nosotros un asunto pasajero,
ahí en nuestra banca de 1982
en un parque de Heredia?
No sabíamos que el océano
sí cambiaba de morada
cada medio millón de años,
que los bigotes de su padre eran
cuidadosamente afeitados
por una amiga de Barrio Aranjuez,
porque para nosotros
ahí bajo las palmeras ―aparentemente inmortales―
las cosas eran como eran.
El cambio no se registraba a no ser bajo los pantalones.
Lo demás
permanecía.
Y es que entre los dos no sumábamos
treinta y cinco años.
Él con su pelo oscuro y lacio;
con su padre alcohólico y su lecho muerto.
Yo con mi inglés y mi poesía,
con mi padre lejano y somocista.
No éramos uno ni dos
sino siete más dos:
vulgarmente sexuales
al punto de copular una tarde
en bicicleta.
Empezábamos con el ajedrez
y todas las piezas, peones y reinas,
acababan debajo de la mesa de café.
Una tarde de diciembre quisimos
retocar el mural de su tío en la pared
pero los labios
no hicieron el color necesario.
 
Y así las noches,
bajo las palmeras en el parque
de Heredia, nos hacían pensar
en Colombia y su gente,
en la ciudad de Cartagena
con sus trescientos años de fortificaciones.
Nos hubiera gustado caminar por sus calles
de balcones y plazas,
imaginando tal vez
            cómo sería
la ciudad de Heredia
            / y sus noches
                        / y palmeras.
 
 
Vivir solo
 
                                      Para Rodolfo Álvarez y para Manfred Werther
          
                                       El supremo hastío, aquel al que la propia
                                    muerte rehúsa su último humo, se retira 
                             disfrazado de señor. 
                                                         René Char
 
Eso que llamamos vivir solo
es transitar en un silencioso dirigible
por las ventosas noches de esta ciudad.
Es no tener quien se ventile con tus cartas
esperando impaciente
a que llegués para abrirlas.
Vivir solo es llamar a Manfred
o a Rodolfo
para ofrecerles una noche de juerga
a costas tuyas,
pero sonriente, acompañado,
feliz de ver una mesa servida para dos.
 
Vivir solo es comer en restaurantes
cuando tenés plata,
y distraerte haciendo la comida
cuando no tenés plata.
Es tratar de convencer a las amigas
de que aún es muy temprano
                                               para tomar el bus,
y llegar a la torpeza de mentirles
                                               respecto a la hora.
Es mordisquear los hombros
de todos tus amigos y amantes
para delimitar el terreno de tu ternura
y para decir hasta aquí, o a veces,
                                               a partir de aquí.
 
Vivir solo
es no masturbarse de puro cansancio
                                               de masturbarse.
Es encender la tele para oír bulla
y creer ingenuamente
que te están llamando;
sin embargo, este autoengaño
jamás te da resultado.
Terminás pagando más en insomnio
y al final de cuentas
te volvés a encontrar a oscuras.
 
Vivir solo
es añorar durante nueve meses las vacaciones
para luego no tener con quien compartirlas.
Alguien ya se ha ido para la playa
y otros se irán con sus otros amigos.
Vos solo sos el alter ego urbano,
aquél con quien se comparte una que otra
noche de bohemia libresca;
pero los amigos, la verdadera diversión,
no es miope ni tampoco
se la pasa hablando de Tomasso Albinoni.
 
Vivir solo es pues,
pasarse las noches
miserablemente agarrado a las barras
de este zepelín silencioso,
esperando distinguir algún conocido
entre esa masa que ya no se acuerda
de vos.
Que te desnombra
desde que vos olvidaste
los ojos de aquella única hembra
que alguna vez te vio con ternura.
 
Vivir solo es,
a fin de cuentas,
el trauma
de haberla perdido.
 

Durmiendo con ellos
(sobre textos de Kenneth Koch y Robert Frost)
 
                                                          Para Rodolfo Álvarez
 
San José:
un sitio,
una ciudad de tentáculos perdidos.
Los zancudos de mayo
revolotean en el calor de la noche.
 
Hay perros que ladran:
abren el hocico para tragar
entre dientes amarillos y roja lengua
un bocado de aire y humedad.
Pero en mi casa, siempre,
se duerme con ellos.
 
Algunos lagartos
no cierran las fauces
por temor al olvido y las piedras.
Las almohadas de la luna ya
descienden:
alguna estrella se consume
y envía fragmentos
que debieron quedarse en Aries;
pero en casa, y tras
la lluvia de aerolitos,
quedamos durmiendo con ellos.
 
            Tal vez yo me sienta uno asociado con la noche.
            He abierto muchas puertas
            para ahogarme luego entre callejones de ciudad.
 
Por eso,
siempre con ellos:
con los muslos
y miembros exangües como
disfraces de un viejo ropero.
En el pequeño cuarto de la tarde o
mientras en Santiago de Cuba llueva;
mientras las calles frías
alberguen un desafinado amante de Caruso,
nosotros con ellos.
Para cuando aparezca otro afarensis
y las vigas del Maracaná envejezcan de cerveza;
mientras la lluvia de dientes fertilice el desierto,
yo en la playa o en el cine…
durmiendo con ellos.
 
            Tal vez yo soy uno mismo con la noche.
            He ido por ahí abriendo puertas olvidadas
            cuyos habitantes carecen de nombre.
 
Y luego,
durmiendo con ellos en los aviones y los trenes;
bajando el Golfo con las manos en la arena
o los pies al quicio de un zigurat.
Levantando el turbante o los anteojos
para distinguir al amigo o enemigo.
Sacando muelas o
dando clases en el Carmen de Parrita.
Haciendo la paz y la guerra en Peñas Blancas
o siguiendo el buque fantasma del Lago.
Porque en San Juan del Norte
los senos y los muslos
se abren a la noche como esporas,
y nosotros, a pesar de la guerra,
dormimos con ellos.
 
Recordando a Lorca o Rimbaud en patineta.
El pelo lacio y los ojos tristes cuando un poema
en la cocina
se le llenaba de cerveza,
cuando una fulana destrozaba sus sueños
con un NO firme y abundante,
y sin embargo,
dormía con ellos.
 
            Yo he sido uno mismo con la noche.
            Abro millones de puertas oscuras
            y las cierro ante ojos aterrados.
 
Por eso un hotel en Nebraska
y otro en San José.
Bajando del tren al perro del guardián
para hacer el amor en el cabús,
y siempre,
durmiendo con ellos.
En San Salvador o Atenas,
sin murallas,
sobre un libro de García Márquez
y a la luz de una candela;
acariciando sus flancos
            mientras el fantasma
nos mira desde la puerta,
―y a pesar del miedo―
durmiendo con ellos.
Tocar esos labios húmedos
apenas dibujados por la ventana.
Negar la importancia de T. S. Eliot
y rasgar una guitarra en los balcones del frío.
 
            Porque siempre he sido uno mismo con la noche.
            Salgo bajo la lluvia y regreso bajo la lluvia.
            Mi casa
            está llena de ídolos muertos.
 
Tengo por tanto al loco de mi amigo
entre los brazos,
succiono los morenos pezones
y duermo con ellos,
siempre con ellos.
Pavarotti en el Lincoln
y nosotros imitando a Verdi y Puccini;
porque San José
no tiene sentido
si no duermo con ellos;
con Sosa de Honduras
y la uruguaya de Tibás.
Abrazar con el calor de
mi mano sus hombros húmedos,
transgredir su pubis
siempre con ellos.
 
            Porque yo soy uno mismo con la noche.
            Y un grito desde lejos atraviesa las calles,
            pero no para saludarme o decir adiós.
 
Duermo con todos en las noches de verano
y en las tardes colegiales.
Una taza de leche
y un bollo de pan para el domingo de Pascua.
Decirle detrás de la oreja
que no tenga miedo,
que a todos les pasa durmiendo con ellos.
Por entre ruinas;
sobre las grúas del transporte;
en los baños de los hoteluchos y
bajo las narices de sus tíos,
durmiendo con ellos.
 
Sin la clara luz de una luna en Málaga.
 
Sin el ronroneo de las palmeras de Limón
pero durmiendo con ellos.
 
Porque
San José
es la ciudad;
a veces,
a veces el momento;
y yo,
            mirando el viejo reloj
            desde esta ventana,
sé que siempre seré uno
asociado con la noche.
 

Una gata
 
Una gata es a veces un animal
 
Una gata tiene cuatro patas y tal vez toxoplasmosis
 
Una gata entra en celo y le “pide” al macho copular
 
Una gata grita mucho cuando es poseída porque le duele,
            porque lo disfruta, porque lo quiere, porque lo odia,
            porque no sabe, porque le gusta, porque tiene una
            consciencia que trasciende a millones y millones de
            especies
 
Una gata es a veces otro animal
 
Una gata tiene las patas blancas y el rabo blanco
 
Una gata es totalmente blanca, del bigote hasta el rabo,
            blanca como las nieves perpetuas de Mons Nix
 
Una gata es inteligente, más que un sillón, más que una
            ballena, más que un chacal
 
Una gata tiene miedo cuando debe sentir miedo y fuerza
            cuando debe sentir fuerza
 
Una gata brinca el puente de la luna y saluda a Octavio
            Paz, brinca de nuevo el puente de la luna, y esta
            vez cae rendida a los pies de Vicente Huidobro
 
Una gata sabe cuándo moverse y cuándo ser una estatuilla
            egipcia, sabe cuándo ser de alabastro y cuándo de
            barro
 
Una gata tiene consciencia de quiénes fueron sus
            ancestros, de quiénes son sus hijos y quiénes no
            serán sus nietos
 
Una gata es muchas veces una mentira disfrazada de
            verdad, es un mito, un símbolo para confundir
            incautos y suponer que se sabe la verdadera verdad
 
Una gata a veces no es genuinamente una gata, es un
            nombre, una ciudad, un hombre, algo que se confunde
            con otra gata quizá
 
Una gata es una actitud, un sentimiento una visión de
            muerte, puede ser un sentimiento de guerra, de rito
            de aceptación, pero lo que una gata jamás es nunca,
            es lo que creemos que es…
 
Una gata… es siempre otra gata
 

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi(2)
(Poema para tres voces)
 
                                                       Cesare Pavese,
                                                               in memoriam.
 
                                         La muerte es siempre una patria. 
                                                                     A. O.
 
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
perche domani non saremo lo stesso,
io sarò cenere,
e tu sarai la morte,
i miei cereali.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
porque te vestís y desvestís
ante la humedad de mis sueños,
because you have never found
anything better than yourself
beyond the ugly, dry surf of night.
So, death shall come
―and it will have your eyes―,
the eyes of fire abounding
in the plumpness of early decay,
gli occhi di un ragazzo scuro,
taciuto,
guardando la sparizione del suo viso,
come mi guardi quando non faccio niente.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
como siempre viene
cuando camina sobre mi cama,
y me despierta,
sudorosa y sonriente.
E così, ogni tanto,
le stelle passano
―ancora nel giorno―
aspettando la fine del tuo delitto.
Perche verrà la morte e avrà i tuoi occhi
morirò sopra le tue carezze
―come sempre―
da solo e ferito.
And this death too always comes
dressed up in your scars and in my fears
with the backseat
of your blue-brown eyes and my lips
together,
forming a tattered cinema of the strangest fruit.
Verrà la morte, amico,
e avrà i tuoi occhi.
Porque será como siempre ha sido:
la única amante del mundo,
pero tendrá tus ojos…
 
And this Death shall have all domain…
 
Verrà la morte…
 
Y me amará dormido…

(2) Verso de un poema de Cesare Pavese, quien se suicidó en 1950.
 

Las rondas del Mar Rojo
(letanía sincopada)
 
                                                … y la Muerte Roja tuvo dominio
                                                     ilimitado sobre todas las cosas. 
                                                                    Edgar Allan Poe
 
el mar dice que no sabe
que no entiende
que no busca     que no es el mar
 
el mar dice
 
el mar dice que ya viene
me aclara que me busca y me busca
 
el mar que ya entiende
que ya llega     que ya sube
hasta las colinas del sueño
 
el mar dice que ya llega
que no me asfixie
que no me ahogue
que ni tampoco me muera
porque el mar ya viene
 
que ya está     que el mar ya está
que el mar ya está sobre nosotros
ya sube
ya baja
ya se vuelve sobre sí mismo
y me quita este cigarro de la boca
 
que ya llega     que ya no tarda
que tan pronto pueda
el mar ya casi arriba
 
que me pida otra cerveza
que ni siquiera pague la cuenta
que le diga a mi amigo hasta mañana
y ponga un marcador
en el último libro que lea
 
que puede ser un poema
o quizá este poema
el mar no tarda más
el mar ya casi está
por eso pido otra cerveza y una boca:
una de ojos de pescado con salsa inglesa;
 
ostras de pradera
(para esteban);
curry de la india
(para gera);
y otra de cuanto sexo
sueñe y lea      para luis
porque mi amigo el mar ya está por llegar
ya casi llega
y yo pido todas las órdenes de bocas en el bar
 
mi amigo el mar ya casi llega
y como él promete lo que cumple
abro este delirio personal
en algo de pizarnik      y espero
 
luego voy con un poema de la orozco
o del viejo guaino de cisneros
pero todo es en balde
―bien inútil―
porque el mar no viene      ya no llega
 
el mar rojo
se ve en el ojo del pescador
que ahora viaja
(de nuevo)      luna adentro
 
(mis amigos y mi amante      ―todos dormidos―      sobre la roja arena)
 
y el mar
el mar me miente
dice que ya llega
que me pida otro whisky y otra cerveza
 
mientras él
—ya noche a noche—
se va cansando      y aburriendo
en medio
de nuestra loca borrachera
 
el mar
el mar no llega
porque ya se encuentra
entre los festejantes
de esta comedia
 
pensé que era una solución    ―un amigo―    
                                                             algo como una ambrosía
pero miro su ropa de alcohólico
en desbandada
en delirio
en desazón de espera
que no hace más que pedir cerveza tras cerveza
 
y ya no tengo aliento para otra cosa:
 
lo miro directamente a la cara
y lo confronto
            lo enjacho
                        lo malmodeo
lo escupo con la boca y la mirada
 
y después de eso
 
yo también
 
me pido otra cerveza
 
(el mar
el mar tal vez
ya llega)
 

Ángeles para suicidas
(poema Goth)
 
                             (Debe leerse letánicamente y un poco rápido.)
 
Por momentos
            duermen los ángeles para suicidas
 
ángeles negligentes
            en los basureros del amor
 
ángeles cuchillas de luna nueva      de fuego fatuo
            de cartón y contrabando
 
ángeles para el paralítico enano
            y para el gran Botero
            maquillado antifaz
            de gresca en balde y orinal y mierda
 
ángeles  de Archimboldo
            sin sexo bajo la túnica
            del maniático F. Bacon
            con pene     vagina y tetas
            contorsiones de triste zarzuela
 
ángeles para sufrir por dentro
            para tener adentro
            con caras de Cerbero
            para el cuerpo de un efebo
            nariz quebrada     brazo en llaga     hedor de ácido fresco
 
ángeles pángeles de Marianne Moore
            pangolines sin alas ángeles
            sueños de viga en viga
            sueños de la Moore en una escopeta del IRA
 
ángeles para el bacanal de invierno
            para los bares de San Pedro
            entrenados en náutica
            perdidos en noches de sangre
            dormidos y corruptos     pútridos antes de tiempo
 
ángeles an-ángeles donde los demonios son sueños
            de tiempo entero
            de alas de velero
            atrapados en el cuerpo de un vampiro
            que ya no sueña con amar en los puteros
 
ángeles delfín perdido en el mar de los Sargazos
            muñeco desvestido
            por una virgen loca
            escondida en el metro
 
ángeles de futbol y futbolín
            que no saben violar más allá del tablero
            dueños de los miedos
            que duermen con el Señor de las Moscas
            en Moscú a la búsqueda de un cuerpo
            enterrados en las sombras de la nieve
            de la muerte al acecho de carroña
            carroñeros surcando la tarde moribunda
            de agua y barro…     de nieve y fuego
            del estío esperando mi muerte bajo un limonero
 
niños pacientes comiendo limones en mi patio
            mientras reposan a la sombra de Abadón el Tierno
 
ángeles solo ángeles sin profesión u oficio conocido
            acólitos de Azrael afilando las uñas y la guadaña
            de luna embravecida en noches de lobo
            de los muertos
            de los cuerpos corruptos
            de las sepulturas abiertas
            de los cadáveres adolescentes
            de la grima verde en el borde de los ataúdes
 
ángeles que ya no tienen cliente
            porque reposan en el olvido de las ciudades árticas
            en el paraíso de flores de vidrio y casas de vidrio
            de noches de tormenta y negra nieve
            que aparecen en este poema porque siempre sueñan con la muerte
 
            ángeles para todos los errabundos borrachos y suicidas
            pero sobre todo:
 
ángeles que son santos patrones del olvido
            sombras que cubren las tumbas nuestras
            con flores blancas     viejos poemas
            humor vaginal y un poco de vino.
 
Porque el gran Ángel de la Guarda
            siempre es el Ángel de los Sueños.
 
Azrael nocturno
 
            sombra de Dios
 
            temido entrañable
 
            Señor de los delirios
 

Solaris
 
Dicen que el mar Solaris percibe los sueños de los seres
pensantes, en especial los humanos, y los puede transformar en
objetos aparentemente reales.
                                 — Historia Solaris, apéndice B —.
el mar
os mares
recuerdo
blanco
           white
                     blanc
                            weiss
                 bianco
           bieli
los planetas    ((( con dos soles )))
                  como Solaris
   uno rojo
                 otro azul
blue
        bleu
                 blau
                        azul
los planetas
              (como Solaris)
blau      bleu      lapis      la azul     los
(( con dos soles ))
                 no tienen
weiss      albo      vino
roto       albo      nauta
cielo      nauta      de muchos      soles:
      la carne       the flesh       das Fleisch
                             ALBED O
                             de AL BONAU TA
pianeta azzurro
           blaue
                      Welt
                            planeta absurdo
               avec deux soleils
   con olas              de sangre
“olas          como la sangre”
             siempre callado
     silencio      fait silence       a callar
como Bernarda
mentes albas
    de           dis           des
a callar                memoria
a callar
los planetas
           i pianeti
                como Solaris
                        no tienen
memoria
 el amor              de juventud
el mar                de juventud
no tiene
               memoria
luis           el tirso los            ángeles
         memoria
manfred         brownies          ganya
branyas         no tienen sueño        memoria
los planetas
       les planétes      n´ont pas
de sueño
 Solaris               n´a pas
de vie
            “la vrai vie
                                 n´est pas ici”
levedád
             levedá
                       levéda
                                      le véda
                                                 le vída
                                                                 la vída
siempre está
en  eco
e n      e c o
e n      e
                  c
                        o
e n
          e
                c
                       o
  e   n
              e
                     c
                        o
 

Duerme tranquilo
 
                                    a David Madariaga  
 
En tu estuche aterciopelado y 
cerrado
duermes al arrullo
de la voz de tus amigos.
 
Allí donde está la partida
empieza la nueva vida
La música fluye de una boca
                      a otra y sólo la lluvia
pertinaz
nos lava el rostro
 
No necesitamos más de
              nuestras manos
porque todo lo hemos
                        dado
 
Total los poetas están todos
                malditos
                           o muertos
 
 
Sólo la voz de los que
              nos escuchan
                      aunque hayamos
                      partido a otro valle
                                                verde
                                           hermoso
 
Tus hermanos y tus amigos
                               te tienen
                       para siempre
 
Cuando llueve
hay aleros en los edificios más altos
donde descansamos y bebemos ginebra.
Eso mata el frío,
hunde el corazón en un latir furioso
de animal sanguíneo,
animal claro,
en fin, vos sabés, mae,
animal lluvioso.
 
Estas noches serán de esas,
de las que vos más amabas
a la par de Orescu,
cuando la lluvia caía y caía,
creando un camino
entre la nariz, la boca y el vientre.
Un canal plateado
donde fluía, a veces lento,
a veces furioso,
el clamor del mundo.
Así te desvestías en el agua y enloquecías
por el bien ajeno, para que otros, que ni conocías,
siempre no se volvieran locos bajo la lluvia
como todo animal luminoso.
David, no te olvidés:
te esperamos cada noche en el.
 
 
Postales Italianas
 
                                        Per Sbattere la Fine.
                                             Antonio Armando Ssacal.
 
Mes a mes, un amigo me envía postales
desde su casa en Milán.
 
Cose da matti,
cose da pazzi.
Desenterrar huesos en Gubbio
para sacarle jugo a la cultura.
Enviar postales de un  continente a otro
a lo largo de los años
practicando el italiano:
non è la regione toscana;
non sono monumenti romani,
È Luigi, il costaricano,
levantando pesas en el gimnasio.
Cierto hay mucho dinero
y cierto él viaja mucho,
por eso todos los días abre la ventana,
mira hacia la cúpula
de Santa María del Fiore
y dice:
(Peggio per loro
                    se non sono qui)
Alguna vez hizo maletas para URSS,
pero el clima apaciguado lo desmotivó.
Cuando la rebelión de los
tártaros fue sofocada
las llanuras de pronto se quedaron demasiado lejos.
Cose da matti.
"Ahí es donde matan vacas,
                         comen cerdo,
llevan la cruz griega a cuestas".
Su refinamiento
era otro distinto de eso.
(Los damascos carecen de manchas
pese a los litros de vino / y los tacones No 10).
Y ya le ponen los cirios en la plaza
pero el trineo ruso         --al fin de cuentas--
va a sobrevolar
            por falta de santo y seña.
Así pues,
            Verona y el mediodía paduano.
En el último barco
había guardado la imagen
de un santo del quattrocento
como si fuera el boleto de regreso a su patria.
Venía lleno de lienzos y cobas,
la lengua hinchada del hágase o no se haga.
(L'azzurro con il bianco,
il gallo con il rosso).
No se le escapaba ni un solo detalle,
mientras sobre la Umbría solía dictaminar:
"Es la región más luminosa del mundo".
Cose da matti,
tutto da pazzi.
No quería otra idea que no fuera esa:
              rifiutare:
              sbattere il letto, la cama,
              profumo del viaggio.
No deseaba otra cosa
para sacudirse el final. 

(Ángeles para suicidas,
Arboleda Ediciones,
2010)



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